El Furcifer oustaleti gigante fue visto varias veces durante la expedición
El llamativo Phelsuma klemmeri
A la mañana siguiente cada uno de nosotros estaba ansioso por explorar el área durante el día y el cielo azul parecía prometedor. Durante el desayuno, que consistió de galletas con miel, se determinaron las áreas a ser exploradas y se planificaron las actividades de los próximos días. El primer micro-habitat a investigar fue un enorme sembradío de bambúes que se hallaba dentro de la selva primitiva. Eran bambúes medianos, aproximadamente de 5 cms (2 pulgadas) de espesor, de 6 a 7 metros de alto que crecían muy juntos unos a otros. Los palos de bambú muertos se hallaban enmarañados, entrelazados como un juego gigante de Mikado. El primer reptil que se visualizó fue nuevamente el Uroplates henkeli, que se hallaba durmiendo sobre un bambú verde. El reptil fue fácilmente ubicado porque sus colores marrones y patrones de camuflaje contrastaban con verde del bambú. Más o menos al mismo tiempo, se encontró la primera especie de gecko selvático del día, un Phelsuma seippi, que parecía preferir los bambúes de tamaño medio. Un fuerte aguacero hizo que esta interesante exploración terminara temprano.
Algunos miembros del equipo en el segundo campamento en la selva lluviosa tropical
Las lluvias de la tarde crearon las condiciones perfectas para poder localizar anfibios durante la noche. En esa noche en particular, la humedad alcanzó cerca el 100% y a través de la selva, un coro de cientos de ranas crearon una atmósfera placentera. Escuchamos a muchas más ranas de las que vimos en realidad. No es de extrañarse saber que muchas de estas ranas pertenecen a las especies más pequeñas del mundo y viven entre las hojas del suelo de la selva.
Fuimos afortunados en localizar a la pequeña Stumpifia pygmaea (1 cm. ó 1/2 pulgada), la rana más pequeña de Madagascar. También se registraron por primera vez en esta parte de Madagascar varias ranas arbóreas como la Boophis tephraeomystax y la Mantidactylus sp.
El sol ya estaba presente cuando el grupo abrió sus carpas a la mañana siguiente. Después de refrescarse en el arroyo de la montaña, el equipo nuevamente se dirigió al sembradío de bambúes que ya había sido parcialmente explorado el día anterior. Al llegar al sitio, uno de los miembros del equipo notó que tenía una sanguijuela adherida a su pie. Este parásito probablemente estaba esperando a su víctima en el arroyo de la montaña donde nos habíamos bañado con anterioridad. La sanguijuela fue removida con un cuchillo caliente, y el grupo pudo comenzar la exploración. Enmanuel, el gerente de Exo Terra y líder del grupo, localizó un pequeño gecko verde, pero antes que pudiera echarle un vistazo más de cerca, el animal se desvaneció entre las pequeñas hojas del bambú. Búsquedas extensas del animal u otras similares fueron infructuosas, pero todos estaban dispuestos a encontrar uno de estos pequeños geckos verdes. Ciertamente parece una especie aún sin descubrir. Sin embargo, durante la búsqueda, se halló el más llamativo de todos los geckos de vida diurna, el Phelsuma klemmeri. Ciertamente ésta fue la primera observación de esta especie en su hábitat natural desde que fue descubierta en 1991. Observar a estos geckos de color azul metálico con sus cabezas amarillas, fue algo verdaderamente excitante para todos los miembros del grupo y fue uno de los rasgos sobresalientes de la expedición. Otros miembros de la familia de los geckos que se hallados ese día fueron el gecko gigante diurno Phelsuma madagascariensis grandis y el Phelsuma laticauda laticauda. Desafortunadamente el pequeño gecko verde que observamos la primera vez, no pudo ser hallado nunca más.